martes, 5 de febrero de 2013

INCOMPRENSIÓN DE LECTURA


Por: Enrique Santos Molano. Periódico EL TIEMPO. Fecha: jueves 24 de enero de 2013

Nuestros estudiantes, según se desprende de las conclusiones del estudio internacional de competencia en lectura Pirls 2011, adolecen de baja capacidad de comprensión de lectura. Están en los diez últimos puestos de una lista de 49 países, y no saldrían de los veinte últimos en el concierto general de las naciones del mundo.
La digestión (o comprensión) de la lectura es semejante a la digestión de los alimentos. Que en ambos casos, la comprensión y la digestión, sea buena o mala, depende de una cantidad de factores externos al sujeto que está ingiriendo los alimentos espirituales (lectura) o materiales (sopa y seco). No es necesaria una prueba Pirls para saber que una persona que se atiborre de comida o de lecturas no necesariamente obtendrá de esa abundancia más comprensión lectora, ni mejorará el aparato digestivo. De pronto es al revés.
Nos alarma y acompleja tener en Colombia un promedio de lectura vergonzoso. Un libro o menos de un libro al año por habitante. Eso no es bueno, pero tampoco es el problema. El problema real consiste en que daría lo mismo que los colombianos exhibieran un promedio de uno o de cincuenta libros leídos al año, si no entienden lo que leen. Ahí está lo grave.
Me parece que esto de la comprensión de lectura lo tratan los sabios con suma ligereza. Se ha dicho que la comida chatarra no solo no es alimenticia, sino altamente perjudicial para el organismo. Igual cabe afirmar de la lectura chatarra. ¿Les enseñamos a nuestros niños a comer bien, a refinar el paladar, a ser exigentes con lo que les sirven, a distinguir entre un alimento que les aprovecha y uno que les estropea la digestión? ¿O por el contrario los incitamos al consumo de comida chatarra y después nos preguntamos por qué será que andan enfermos? ¿Les damos una educación chatarra y nos asombra el que una prueba internacional los mande al último lugar en comprensión de lectura?
Repito. Más vale un buen libro bien leído al año que veinte o treinta malos (o buenos) mal leídos. La comprensión de la lectura es una de las cosas más difíciles que existen. Al niño hay que enseñarle primero que un libro se lee con el criterio de un químico, como si fuera un laboratorio. Hay que darle muchas vueltas, muchas lecturas, para extraer de él sus múltiples secretos y sus innumerables enseñanzas. Varios niños vienen a menudo a pedirme que les preste un libro ('Pedro Páramo', 'Cien años de soledad', 'María', etc.) "que les pusieron de tarea y que tienen que leerse en una semana", y me apena la cara de aburrimiento que traen. Ellos hacen su tarea y me devuelven cumplidamente el libro. Al cabo de seis meses les pregunto, verbigracia, por 'Pedro Páramo' y no recuerdan, excepto el título, absolutamente nada.
La lectura no debe darse como una simple tarea escolar. Las tareas, de por sí, son aburridoras, y le transmiten esa sensación a la lectura, que ha de ser algo agradable, estimulante, valioso. No lo es en nuestros métodos de enseñanza, que ni son métodos, ni enseñan nada.
Por otra parte, pesa mucho en contra de los hábitos de lectura la preeminencia que se ha dado a lo visual sobre lo escrito desde la puesta en moda de la desdichada frase confuciana "una imagen vale más que mil palabras". Seguramente Confucio quiso decir "una imagen visual", pues las palabras también forman imágenes, y casi siempre con más acierto que lo simplemente visual. El caso es que, comenzando por las publicaciones de circulación masiva y frecuente, lo visual predomina. Con ello se ha creado una devastadora tendencia a la pereza por la lectura. Hoy, la mayoría de los lectores no son tales lectores, sino meros ojeadores de registros visuales y de pies de fotos.
Quizá ha llegado el momento de que nuestras autoridades se hagan una seria y despiadada autocrítica y dejen de tomar a la ligera este asunto de la lectura, que es muy serio. No más programas superficiales de fomento del libro, bien intencionados para fomentar la industria editorial, mas no la lectura.
'Cómo aprender a leer un libro' o 'Cómo comprender la lectura' (el nombre es lo de menos) debería ser una cátedra de varias horas a la semana, que vaya de primero de primaria hasta el fin del bachillerato. Cuando esto se logre, nuestros estudiantes estarán en los primeros lugares de la prueba Pirls. O de cualesquiera otras pruebas.